18 de septiembre de 2017

Nuestra casita en Provence...

Hola preciosas, después de algunos días de ausencia, aquí me tenéis para colaros una enorme entrada, de esas que tanto os gustan. Os lo prometí, y hoy lunes os presento nuestra casita provenzal. Hemos estado en casas alquiladas muchos años, pero he de confesaros que como esta gite francesa, ninguna. Lo tenía todo, ya lo veréis, jardín de ensueño, exteriores cuidados, interiores totalmente vergelianos y detalles perfectos. Recuerdo que nada más poner los pies en ella, cuando su propietaria Christine nos abrió la puerta, quedarnos boquiabiertos y decir todos al unísono...¡pero que bonita es!...No es para menos, creo que hemos estado durante diez días viviendo en un pequeño paraíso, en el que nos hubiéramos instalado, con el permiso de su dueña, muchos meses más. Pues nada chicas, prepararos un cafecito y tomaros parte de este día para perderos por esta pequeña joya...
Nos adentramos por un largo sendero que nos conduce hasta la casita...
Una antigua verja de hierro nos da la bienvenida...
 Pasamos delante de verdes pinos...

Hasta llegar a la gite, una casa típica de la región de la Provenza. Fachada sencilla, tejados inclinados y contraventanas en azul añil...
Ante la gran puerta, un rincón encantador...
 Fijaros en semejante pérgola de hierro por la que trepan enredaderas de florecillas naranjas. Ahí mismo hemos pasado veladas apacibles sentados al atardecer...
A la sombra de las trepadoras...
Rodeados de hortensias, hiedras colgantes, troncos de madera pintados a mano y golondrinas adornando las paredes...
La puerta está abierta, pues entremos chicas, nos esperan estancias que os van a maravillar...
Mi cara feliz y sonriente lo dice todo. La misma cara que se me quedó nada más descubrir semejante hogar cuidado...
Vamos a recorrerla con total tranquilidad...
Comedor y cocina comparten un único espacio. Blanco sobre blanco en techos, paredes, escaleras, vigas y detalles...
Aunque también abundan complementos en cálida madera natural. Por ahí asoman mi Troll y mi Yaiza, ellos se sentían como peces en el agua con tanto espacio abierto, sin puertas que interrumpieran sus idas y venidas...
Contábamos con un pequeño vestidor decorado con uno de esos burros con perchas en el que colocar vestidos y complementos varios...

Os cuento que la casita tenía tan solo cincuenta metros cuadrados en su interior, pero daba la sensación de ser muchísimo más grande...
Yo creo que el secreto estaba en la ausencia de puertas, en sus espacios abiertos, en su luminosidad que se colaba por las muchas ventanas y en el blanco predominante en todos sus rincones...
Las dos únicas habitaciones se encontraban en los altillos, abiertas igualmente a la planta de abajo. A la de matrimonio se accedía por esta escalera de madera que veis. Al principio me daba algo de vértigo subir por ella, pero al segundo día, me la recorría ya con total soltura...
Por aquí os dejo nuestra habitación de matrimonio repleta de detalles...
Vigas de troncos de árbol en los altos techos abuhardillados...
Suelos de fibras naturales...
Ropa de cama delicada...

Tonalidades lilas, blancas y crudas...
Cabezal sencillo pero repleto de romanticismo...
Guirnalda de libélulas para iluminar la noche...
Jaulas albergando hiedras colgantes...
Velas...
Enorme baúl a modo de banco...

Colchas afrancesadas con letras incluidas...
Sillas variadas a cual más encantadora...

Una estancia que como veis chicas, invitada al descanso y a la desconexión...


Bajamos...
 Para adentrarnos en la coqueta cocina...
Aquí ya si que se me derrite el alma con tanto carácter campestre...
Baldas abiertas...
Baldosas coloridas a media altura...
Fogones dando un guiño a los antiguas con sus tapas de gallinas super divertidas...
Enorme reloj vintage con dibujos de libélulas...
Y una pequeña vidriera que me robó el corazón...
Ella hacia de tragaluz entre la cocina abierta y el vestidos al otro lado. Tres señoras elegantes bailando con sus largos vestidos alegres. Para mi se erigió en unos de los detallazos de la coqueta cocina...
Pero sigamos chicas admirando hermosas cositas. El suelo por ejemplo era diferente a cada paso que dábamos. En algunos lados las baldosas estaban colocadas a cartabón, en otros rincones con mosaico de piedras de río formando dibujos...
En algunas estancias se dibujaban en tonos blancos, mientras que en otras se dejaban ver en granates, azules y ocres...
Toda una auténtica maravilla para amantes como nosotras de los detalles. Después al no existir apenas puertas ni paredes, el efecto desde lejos era de lo más especial...
Salón y cocina en un único espacio tan solo interrumpido por esa blanca escalera que conduce a la habitación del altillo y que tuvo el placer de disfrutar nuestra Celia...
Por ahí asoma Víctor, encantado y enamorado más que yo si cabe de esta casita provenzal...
¿Y qué me decís de la barra construida con un enorme tronco de árbol?...
Genial para colocar utensilios varios...
O de la preciosa mesa decapada con patas retorcidas...
A juego total con sus sillas vestidas con crudos cojines...
Y después estaban esas paredes de lamas blancas desiguales...
Rematadas con larguísimas baldas donde lucir faroles y casitas de pájaros en diferentes colores...
Por cierto preciosas, en aquel hueco que se ve iluminado, todo él mágico, dormía Celia...
Os explico también que en esta casita tenían vital importancia los textiles escogidos con total cariño. No solo eran especiales las cortinas de lino con ligera caída y cenefas ondeantes tapando las balconeras...
También estaba aquella con argollas y corazones que servía para tapar los utensilios de limpieza...
Otras tantas que actuaban a modo de puertas...
O la que formaba parte importante del cuarto de baño con sus lazadas románticas...
Todo en esta casa y os lo puedo asegurar estaba concebido para hacer de sus huéspedes los reyes absolutos. Hasta las luces colocadas estrategicamente convertían las noches en un auténtico placer...
Y los colgadores de gallinas con sus paños...

Y las rosas secas colgando en lo alto de los techos...
Y las gallinas de porcelana, las casitas de zinc...
Las lecheras de latón...
Los vasitos coloridos, las tazas de porcelana...

La vajilla en blanco y negro...
Los potes a modo de cuberteros...
Los salvamanteles  a juego con todo...

Los pajaritos que servían de alzapaños...
Ohhhhhhhhhhhhhhh y por supuesto esta lámpara original donde las haya. Una huevera con bombillas dentro a modo de huevos y que poder encender iluminando uno de los rincones...
Tentadora chicas...
Que cocina vergelianas, de ensueño total, decorada y hecha para disfrutar...

Y con tanto habalros de esta estancia que tanto disfrutamos se me pasaba por alto el pequeño saloncito. Sencillo pero acertado...
Una mesita baja decapada y un moderno sofá tipo chéster con mullidos cojines en tonos tierra. Ya os podéis imaginar quien se hizo dueña total de él...
Nuestra dormilona Yaiza, tan relajada y encantada como el resto de la familia de tan soberbio rincón...
 Pasemos al cuarto de baño que a mi me dejo sin palabras...
En él como no podía ser de otra manera, dado el amor decorativo de su propietaria, abundaban nuevamente los detalles.
Casitas de pájaros colgando...
Cuadros enamoradores y que si os fijáis se suceden por toda la casa. En la cocina de gallinas y aquí presumidas señoritas junto a flores secas...

Pica de lavabo de piedra auténtica con sus guijarros incrustados...
Espejo de pared de acorde a todo y donde no podían faltar las incondicionales piedrecitas decorando...
Jabonera de hierro con corazón en lo alto...
Grifería antigua en dorado viejo...


Paredes en estucado irregular blanco, alternando con esas baldosas en varios colores, nada mejor para dar ese aspecto provenzal...
No había mueble a los pies del lavabo, hubiera perdido todo el encanto. ¿Para qué chicas?. Nada mejor que cestas donde almacenar todo tipo de cositas...
Como detalle a copiar, un carrito con ruedas donde colocar las toallas...
A mi me encantó...
Nueva forma de agasajar a los huéspedes y que no deja indiferente...
Las toallas por supuesto a juego total con los colores de todos los complementos...
Y un nuevo pajarito colgando...
Por si no os habíais dado cuenta chicas, la zona de la ducha estaba separada del resto por un sencillo muro alto...
Y un irregular escalón de piedra...
Un hueco encantador para ducharnos, con sus techos altos rematados en vigas blancas
Sus baldosas de colores neutros, su gran alcachofa con efecto lluvia...
Su mosaico con encantador dibujo geométrico...
Y su grifería de porcelana emulando las de antaño...
Un baño con corazón...
Pero volvamos al salón para mostraros la íltima de las estancias de esta gite francesa...
El dormitorio de Celia en todo lo alto del salón...
A él se accedía a través de una empinada escalera apoyada sobre la pared que Celia encontró super divertida...

De su interior casi no pude hacer fotos, Celia lo monopolizó todos los días de las vacaciones. Además os imagináis a esta vergeliana trepando por la angosta escalera cámara en mano. Pues como que no, pero ahí van unos cuantos detalles fotografiados como pude...
La jaula con su pajarito colgante...
Las cestas variadas de almacenaje...
La hermosa colcha de bouti floral...
La repisa junto a la cama con esa mágica lámpara colgante...
Los pequeños cuadros que nuevamente vuelven a repetirse con señoritas, flores y lazadas...
Y las casitas de pájaros que si os dais cuenta hacen total juego en colores con los textiles...


Una habitación que a pesar del gusto de Celia que ya conocéis, hizo todas sus delicias y que ahora quiere copiar en algunos matices en la que tiene por aquí...
Hasta aquí nuestra casa en la Provenza, con unos interiores cuidados y mimados hasta el mismo infinito. Los exteriores a los que se accedían por esta gran vidriera, ya os los enseñé en otra antigua entrada...
Igualmente ellos decorados al milímetro, un jardín repleto de verde y extensos campos en el horizonte...
Con detalles en cada recoveco, simpáticos caracoles al sol que nos daban a su manera los buenos días...
Y es que esta casita lo tenía todo, todo para enamorarnos desde el primer día, todo para hacernos sentir como en nuestro propio hogar. Yo os lo confieso, que era reacia antes a pisar casas alquiladas, adicta a los hoteles, ahora no las cambiaría por nada del mundo. Sentir tranquilidad, armonía y paz no tiene precio. Poder disfrutar de jardincitos privados y espacios encantadores sin ajetreo alguno son para mi y los míos las auténticas vacaciones soñadas...
Solo espero que os haya gustado tan larga entrada de hoy. Ya me contaréis mañana chicas...
Con una de mis amplias sonrisas...
¡Feliz lunes!