16 de febrero de 2018

El lago helado...

Uiiiiiiiiiiiiiiii chicas, que el otro día os deje plantadas, bien abrigaditas con gorro y manoplas para ir de excursión hasta el lago helado. Así que hoy os llevo de improvisada excursión nuevamente por la nieve, no vaya a ser que empiece ella a deshacerse y ya no podamos disfrutarla...
Sujetaros bien porque nos hundimos por algunos tramos hasta las rodillas. Cruzamos el puente de piedra...
Atravesamos amplios caminos rebosantes de nieve con Victor y Celia a la cabeza...
Dese luego que la nieve es mágica, parece como algodón blandito, y si se refleja el sol en ella, la hace brillar como si fuera del todo irreal...
Yo parezco una esquimala, con ese gorro de borla negra, con mi anorak bien gordito, y esas botas estampadas en lila con altos calcetines totalmente llamativas...
Tenemos el placer en esta familia de haber disfrutado de los paisajes del Montseny tanto en plena primavera, como en el duro invierno...
Cuando llega el buen tiempo, todo este bosque se transforma en verde total repleto de frondosidad, pero yo creo que me impresiona mucho más verlo tal cual ahora, blanco, con esos troncos de árbol pelados contrastando con la nieve...
Aquellos enormes árboles que han caído se convierten en escondite seguro para muchos animalitos, para refugiarse de las bajas temperaturas...
Tal cual hago yo misma, bajo enormes raíces, como escondida en una inmensa cueva del bosque...
Según avanzamos, hundiéndonos en la nieve, divisamos ya a lo lejos las proximidades del hermoso lago...
Nos recibe como siempre la ermita de piedra, primer síntoma de vida en tan inmensos bosques...
Si fuera primavera o verano, ya veríamos asomados a esta baranda de hierro la orilla del agua correteando...
Pero en este gélido mes de Febrero no hay ni rastro de ella. Víctor y Celia se quedan mirando al horizonte impresionados por el hielo que lo cubre todo...
Como una estampa navideña preciosa...
Creo recordar chicas, no haber visto jamás el lago tan sumamente helado como en este año...
Fijaros bien porque toda esa extensión que va bordeando los árboles tendría que verse repleta de agua...
El azul se ha transformado en perfecto blanco, como si formase parte de un único paisaje y nunca hubiera existido el lago azul, pero a mi me encanta...
Bajamos hasta la orilla, hacemos grandes bolas de nieve...
Transformándola en un simpático muñeco con ramas finas como brazos...
Nos lanzamos nieve en una improvisada guerra de nieve...
¡Alaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!...
Cuanto más grandes mejor...
Riéndonos sin parar...
Y sabiendo que estamos en un momento único porque no siempre al llegar el invierno el lago de Santa Fe se pone tan sumamente blanco y precioso...
Víctor y yo en pose de haber coronado la cima de nuestro pequeño Everest...
Con la mirada puesta a unas vistas envidiables que solo los que tenemos cerquita el Montseny podemos disfrutar...
Con tanto juego, la tarde empieza a caer tras las montañas...
Y el cielo junto con el paisaje empieza a adquirir matices mucho más azulados...
Decidimos entonces bordear un poquito más el lago helado, para acercarnos a un centenario árbol de enormes raíces...
Pero que guapos estamos chicas, una foto preciosa...

Y es que con semejantes paisajes, cualquier instantánea queda divina...
Y llegamos hasta el árbol de ancho tronco...
Madre mía chicas, yo creo que es el más centenario de todos. Lo que no habrá visto él a lo largo de los siglos. Me arrimo bien, dicen que estos troncos te dan buenas vibraciones y positiva energía...
Pues no voy a privarme de ello por nada del mundo...
Última mirada a lo alto de su copa...
Última mirada al lago helado...
Y a sus blancos paisajes que he querido fotografiar para compartirlo con todas vosotras...
Que penita nos da dejar atrás tanta maravilla...
Pero la noche se acerca, hace muchísimo frío y debemos por fin volver...
Retomamos el regreso bordeando nuevamente el lago helado, con las capuchas puestas, bien abrigados...

Volvemos a pasar por delante de la ermita, ahora más mágica que nunca...
Nos detenemos en las cascadas...
Increíble ver correr esas aguas como si nada, indiferentes al hielo y a la nieve...
Y continuamos con paso firme ayudados por esos palos a modo de bastones...
Ya empieza a divisarse algo de gente porque hasta ahora la solitud ha sido la nota predominante...
Escasea la luz en todo el paisaje...
La enorme casa empieza a difuminarse...
Cruzamos el puente de madera, punto de inicio de tan especial excursión invernal...

Últimas fotos para inmortalizarlo todo...
Victor con su gorro y su cara de total frío...
Celia dispuesta a lanzar su última bola de nieve...
Y yo sonriendo con mi casa preferida de fondo...
Una casa que de tanto que me ha gustado me he atrevido a reservar para todas mis vergelianas...
¿Qué os parece chicas pasar un fin de semana todas juntas en semejante lugar y con semejantes paisajes envolventes?...
Al final de semejante paseo largo, largo, divisamos nuestro preferido y pequeño restaurante...
Ideal para entrar y refugiarnos del frío...
Han sido muchas las veces que en plena primavera nos hemos sentado bajo su pérgola de hierro para disfrutar, al aire libre, de un deliciosa merienda...
Hoy la cosa cambia, a ver quien se atreve a permanecer a la intemperie con semejante nieve, si hasta la planta trepadora está totalmente congelada...
Aunque siempre hay alguien atrevido que se anima y ocupa las sillas y mesas exteriores...
Nosotros no chicas, nosotros nos metemos adentro en una encantadora mesa con vistas al bosque nevado...
Que placer tan maravilloso porque además su dueño se ha molestado en encender su amplia chimenea de piedra. Entonces Víctor exclama...
Y Celia se dispone a fotografiar algo que les ha llamado la atención...
Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh, mirad vergelianas...
Bajo el tejado a dos aguas se han congelado montones de gotas de agua, formándose semejantes carámbanos que parecen diamantes puntiagudos. Ya os imagináis las bajas temperaturas que deben alcanzarse en este Montseny para que surja algo así de parte de la madre naturaleza...
Ummmmmmmmmmmm un cafecito con leche para calentarnos...
Y despedirnos del paisaje...
Hay quien dice que la nieve prefiere verla en la distancia, en las idílicas postales o en las películas navideñas. Nosotros no es que quisiéramos tenerla por todo el invierno, sería demasiado, pero acercarnos a ella de vez en cuando, para disfrutarla con sus muñecos de nieve, su guerra de bolas y sus paisajes blancos, nos encanta y nos hace felices...
Última imagen junto a mi Celia antes de regresar a la ciudad. Nos parece increíble que a tan solo 40 minutos de casa podamos toparnos con semejantes paisajes encantadores...
Menuda larga entrada la de hoy chicas, pero es que eran tantas y tan preciosas las fotos que me ha costado escogerlas. Solo espero que las hayáis disfrutado, y de paso conocer uno de los parajes más hermosos de este lado de mi mundo. Si alguna vez viajáis hasta Barcelona siempre podéis acercaros hasta el Montseny sea invierno, otoño,  primavera o verano. En cualquier estación os dejará sin palabras...
¡Feliz viernes para todasssssssssssssssssss y mañana nos vemos!...